lunes, 30 de junio de 2008

Más Platón y menos farmatón

Agustín Domingo Moratalla
Artículo publicado el 13/03/2008 en Las Provincias.

A finales de los años noventa del pasado siglo apareció un libro que llevaba por título Más Platón y menos Prozac. Cuando Lou Marinoff le puso este sorprendente título no se esperaba que se vendieran millones de ejemplares en todo el mundo y se tradujera a más de treinta lenguas. Se mantuvo durante varios años entre los libros más vendidos del mundo y en él encontraron consuelo personas que hasta entonces no habían descubierto el vigor, la importancia y el valor de la filosofía para la vida cotidiana.En sociedades deshumanizadas donde los individuos son reducidos a consumidores entarjetados, usuarios anónimos, pacientes numerados o ciudadanos apátridas, cada vez es más necesario que nos recuerden que no somos esclavos del mercado, del consumo al que nos lanza la publicidad, de las burocracias despiadadas de los servicios públicos o de las sucesivas normas a las que nos someten las diferentes administraciones locales, autonómicas, nacionales, europeas y mundiales. El libro de Marinoff introducía aire fresco en unos lectores que se sentían enfermos y víctimas de una neurosis global de difícil diagnóstico. El libro reaccionaba ante lo que Karen Horney unos años antes había llamado La personalidad neurótica de nuestro tiempo, recordaba a los lectores que la mejor terapia de sus dolencias físicas y anímicas no está en los fármacos, en las drogas o los consuelos artificiales que nos ofrecen sociedades enfermizas.La contraposición entre Platón, como símbolo de la Filosofía, y Prozac, un medicamento que simboliza el remedio rápido e inmediato al estrés y las múltiples neurosis, tenía dimensiones que superaban lo comercial. No se trataba solo de contraponer a Platón como símbolo del conocimiento y la sabiduría tradicional frente a un medicamento que simboliza la dependencia cotidiana de brebajes, pócimas y fármacos que proporcionan la salud inmediata. Se trataba de contraponer dos actitudes diferentes con las que responder a los problemas relacionados con el sentido y valor de la vida.

Platón no era el símbolo de un sesudo saber especulativo y esotérico al que sólo acceden unos pocos privilegiados. Tampoco era el símbolo de una jerga de conceptos incomprensible para los mortales, como si la tradición iniciada por Platón exigiera un lenguaje especialmente técnico e incomprensible para la vida cotidiana de los individuos. Eligió a Platón y no otros pensadores catalogados como filósofos por la importancia que en él tienen la palabra verdadera, el diálogo, la verdad y la justicia. Platón marcó distancias con los sofistas e hizo que la filosofía no fuera una jerga de rufianes que se aprovechan del lenguaje para robar, engañar y enfrentar a los ciudadanos.El éxito de este libro de Marinoff es solo una muestra de que la Filosofía de tradición socrática sigue siendo necesaria. Como en España siempre somos diferentes, el Ministerio de Educación con el desarrollo de la LOE está consiguiendo desterrar de las aulas cualquier resto de saber filosófico con denominación de origen socrática.Además se ha hecho de forma elegante y dulce porque los profesionales de la docencia de la filosofía se han creído que con la nueva materia de Educación para la Ciudadanía consolidarían la presencia de esta tradición socrática. Sin embargo, a medida que vamos conociendo los decretos que desarrollan la nueva Ley Orgánica de Educación (LOE), vamos descubriendo que la presencia de la Filosofía será cada vez menor. Y esto es solo el principio de una estrategia de acoso y derribo de la que parecen despertarse los filósofos que ahora empiezan a manifestarse y protestar por lo que llaman “invasión de la Ciudadanía”.La reducción de horas que se anuncia para Bachillerato (donde se pasa de tres a dos semanales), unida a la mínima expresión horaria en la que ha quedado Educación para la ciudadanía y al desembarco de nuevos licenciados en Derecho, Políticas o Sociología que podrán impartir las materias que antes impartían los licenciados en Filosofía y Letras, está generando una reacción importante.Para la gran mayoría de los docentes, se trata de una legítima reivindicación corporativa y gremial. Hasta ahora se mantenían al margen de los debates filosóficos de fondo que impulsaron la LOGSE y la LOE, creyéndose que con la transversalidad de los valores y la Ciudadanía tendrían asegurada la presencia de la Filosofía. Ya se están dando cuenta de que con estas últimas reformas educativas los estudiantes no acuden más a Platón sino al Farmatón, al Optalidón y a todos aquellos sustitutos del Prozac que tienen a mano.A ver si en algún momento estos docentes se dan cuenta de que no se trata de un problema de horas sino un problema de principios a los que estas reformas educativas han dado la espalda. Mientras no reaccionemos al psicologismo, el pragmatismo y el didactismo, de nada servirán las reivindicaciones. Una reacción difícil donde además del pan nos jugamos la vida. Conviene recordar el texto de Platón cuando narra que Sócrates se dirigía a los jóvenes y los invitaba a buscar con pasión la verdad, la bondad y la belleza. Con estas ideas, Sócrates “envenenaba las mentes de la juventud” y precisamente esta fue su sentencia de muerte.

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